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Autor Tema: Séneca, la gran Herramienta  (Leído 334 veces)

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Séneca, la gran Herramienta
« en: 17 Octubre, 2022, 18:05:54 pm »
La última de las mediocridades a la que he tenido que enfrentarme en mi breve vida como docente en Andalucía no ha sido otra que la mismísima aplicación de Séneca. Y quien dice aplicación dice web, o cuaderno, o base de datos, o sepa dios qué más cosas; y es que resulta complejo definir la desastrosa amalgama de elementos que conforma este primitivo sistema de registro de datos, sistema obsoleto incluso para los estándares de las confusas webs oficiales que a menudo plagan ayuntamientos, registros electrónicos y, en general, cualquier plataforma oficial con ganas de dotar de un poco de Tic a sus largos y tediosos procesos burocráticos.

Séneca es muy similar a ese cajón bajo del armario, ese cajón ancho de conglomerado que tiene los tiradores un poco sueltos, que es incómodo de abrir porque roza y que, por lo tanto, es depositario de todos aquellos ítems que se descartan sin ser descartados del todo en cualquier espacio doméstico: calcetines sin pareja, un embrollo de cables del último módem de Movistar, dos cargadores que ya no funcionan, las instrucciones de la lavadora vieja (la que llevamos al punto limpio hace dos años) y una carpeta cogida con gomas que debe tener facturas viejas de la luz, y que nadie se atreve a tirar por si “hicieran falta algún día”.

Decir que el sistema es críptico sería quedarse muy corto. Tutoriales de dos horas no deberían ser necesarios en una época en la que hacemos gestiones complejas con movimientos rápidos del pulgar. En Séneca nada es intuitivo, nada es lo que parece y nadie te avisa de que estás a punto de borrar el trabajo de un compañero con un simple click. Séneca es un lugar donde los menús desplegables se relacionan entre sí, pero de un modo que resulta totalmente contra intuitivo al usuario. En Séneca, poner una nota no es tan sencillo como seleccionar un valor numérico. El programa trabaja en segundo plano para ofrecer la experiencia más tediosa imaginable; tanto, que uno se pregunta si no estará hecha así a propósito, respondiendo a la mentalidad retorcida de algún funcionario con ganas de marcha.

El programa puede hacer que pasen cosas en el mundo real. Séneca puede recoger la esquizofrenia de un docente que no da abasto con sus papeles y convertirla en números. En 0’s y 1’s. Ese es su poder: tratar de organizar el caos. Tiene la habilidad de trasladar problemas desde la pantalla al mundo real. Cuenta con decenas de apartados cuyos títulos no dicen nada, o dicen demasiado poco, o con títulos que han sido divididos dos, tres y hasta cuatro veces para abrir cuatro apartados distintos con información redundante, pero siempre insuficiente. La web puede organizar por sí sola una reunión con el equipo directivo, para que habilite esa opción que tú no puedes habilitar porque bueno, no estás habilitado porque… no. Porque sería un caos que uno pudiera usar un programa de gestión docente de forma libre. Sería demasiado complejo comprender cientos de miles de sistemas personales. Por eso, han ideado el sistema menos intuitivo y más engorroso que cabe imaginar, para dar cabida en él a todas las malas ideas que una persona puede tener en lo que a gestión del alumnado se refiere.

Los programas y  las apps actuales están diseñadas de modo que se adelanten casi a los deseos del usuario; están hechas para facilitar la navegación, para mostrar los apartados de forma clara e intuitiva, para nombrar cada elemento con el término más adecuado. Séneca no. Séneca te mostrará ocho menús desplegables, dos de los cuales no pueden ser abiertos sin haber rellenado alguna oscura observación en otro apartado anterior. Pero ojo, porque Séneca no recuerda, ni tiene memoria. Como un anciano desorientado que cambia las cosas de sitio, que mete las llaves en el cajetín del detergente de la lavadora, Séneca propone al usuario laberínticos procesos que a menudo se extienden por varias pantallas con crípticos mensajes y títulos. Actividades candidatas. Gestión de la orientación. Abreviaturas que sólo el creador de la web conoce. Flechas de “volver” por duplicado. Campos obligatorios. ¿Pero qué escribo aquí? ¿Para qué sirve este apartado? ¿Quién lo sabe? Séneca no. Eso puedes darlo por seguro.

A veces pienso en aquella, o aquellas personas, que han diseñado Séneca. Las imagino como gente que clasifica los cereales en dos botes distintos en la cocina, dependiendo de si tienen o no gluten, pero no los etiquetan, sino que recuerdan el contenido de cada bote según la forma de la tapa. Y luego pretenden que un invitado que ha venido a pasar el fin de semana sepa, por el color de la tapa, dónde guardan las sábanas limpias.

Séneca es un despropósito, pero es un despropósito más en la larga lista de despropósitos que plaga la educación pública. Es un reflejo de los absurdos procesos burocráticos creados para satisfacer y calmar la conciencia de un puñado de facinerosos con tan pocas miras que necesitan recubrirlo todo de papel, todo, hasta la última grieta de un sistema en el que no creen, pero que les da de comer. Necesitan ver completada la cuota de papel mojado que justifica su puesto, un puesto que, seguramente, tiene mucho menos pedigrí del que se imaginan.

Y mientras tanto nosotros, los usuarios, hacemos cursos eternos y vemos tutoriales y nos desesperamos delante de Séneca, no porque sea como es, sino porque nos cuenta muchas cosas sobre el trabajo que hacemos, el puesto que ocupamos y el sistema del que hemos querido, voluntariamente, formar parte. Sus pantallas de error, sus callejones de una sola dirección, sus menús incomprensibles, sus desplegables que se amontonan como hámsters, todo en Séneca es una forma de incompetencia que recoge y arropa, como un manto espantoso, a todos aquellos dispuestos a hacer de la educación pública algo incomprensible.

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Séneca, la gran Herramienta
« en: 17 Octubre, 2022, 18:05:54 pm »

 


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