La prepotencia -asentada en la seguidad que les da la tibia reacción de los adultos- les ha hecho perder el sentido de la realidad. Un adolescente en casa, discutiendo con su madre o su padre, con la conciencia (siempre subjetiva) de que obramos con él una injusticia, no le tiene miedo a nada. Miles de adolescentes y jóvenes en las calles son imparables. No les conocen, porque viven al margen de la juventud, cuya educación consideran instrucción (suena a "mili"), y ahora se van a despertar...
Hoy han movido a Valencia tres compañías de antidisturbios de Madrid, Barcelona y Valladolid (creo). Les van a faltar legiones a estos nuevos romanos para acallar las voces que se les han levantado sin miedo. "Ley y orden", claman, "ley y orden", mientras los chicos hacen chufla de ellos, sin romper una papelera ni una farola, porque han quebrado su ley y su orden, como quiebran nuestros chavales la autoridad de un maestro cuando éste no sabe hacerse respetar desde el punto justo. Ya se sabe que la autoridad es algo que se pierde lo mismo por defecto que por exceso de uso. Y estos malos autoritarios (sí, malos como autoritarios), se han pasado el Madoz entero